La Unión Europea hoy: de la crisis existencial al relanzamiento

A lo largo de la historia de la UE se han ido sucediendo alternativamente períodos de eurooptimismo y de europesismismo, acompañados de crisis intermedias. Es lo que había previsto Jean Monnet, su máximo inspirador, cuando dejó escritas frases como las siguientes: “los hombres sólo aceptan los cambios por necesidad y no ven la necesidad más que en las crisis; Europa no se hará de golpe sino a golpes de crisis; Europa se hará precisamente en las crisis y será la suma de las soluciones que a esas crisis se den “.

El último período de europesimismo se inició en 2005, con el fracaso del Tratado constitucional que debería haber rematado el edificio institucional comunitario, y puede haber terminado en 2016, verdadero annus horribilis en la historia de la UE, caracterizado por el Brexit y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. Este largo período de once años ha conocido una verdadera concatenación de crisis, cada una de ellas dotada de un gran poder destructivo, hasta el punto de que se ha podido hablar de una “crisis existencial “en la UE, en palabras del propio presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. A partir de 2007 llegó a Europa el enorme impacto de la Gran Recesión mundial y en 2010 estalló la crisis del euro, que prestigiosos analistas, como Edgar Morin, han calificado acertadamente de “ policrisis “, por revestir muchas facetas al mismo tiempo : económicas, financieras, institucionales, de relato, de liderazgo o de legitimidad. En 2015 llegó la crisis de los refugiados, que ha socavado los valores de la UE como una entidad de acogida, y en 2016 un estado miembro tan importante como el Reino Unido votó en referéndum la salida de la Unión. Como consecuencia del Brexit aparecía la amenaza de “deconstrucción “de la UE, ya que por primera vez se podía contraer en número de miembros, contraviniendo una larga y exitosa sucesión de ampliaciones.

A pesar de todo ello, y contrariamente a predicciones apocalípticas, en los primeros meses de 2017 “los vientos volvieron a soplar a favor de Europa “, según declaraciones de Jean-Claude Juncker, el mismo que pocos meses antes hablaba sin ambages de “crisis existencial “. La economía europea empezó a crecer con fuerza y con ello mejoró la percepción de la UE por parte de sus ciudadanos. Las negociaciones del Brexit provocaron una insólita cohesión europea , mientras que el Reino Unido mostraba una posición negociadora muy débil. El Brexit aparecía a los ojos de muchos y de manera creciente como “un peligroso fraude nacionalista y populista “, en palabras de un exconsejero del Gobierno de Theresa May. Según el eurodiputado holandés Bas Eickhout, “gracias al Brexit y a Trump, mucha gente está abriendo los ojos y viendo que el populismo no es una solución a sus problemas “. La errática política exterior de Trump y su desacierto sobre asuntos europeos llevaron a escribir al prestigioso analista británico Martin Wolf que “Trump ha logrado lo que Putin no consiguió: unificar Europa “. El analista norteamericano Fareed Zakaria escribió que “el Brexit y Trump eran una amenaza, pero se han convertido en un pegamento para la cohesión europea”. Durante el primer semestre de 2017 tuvieron lugar elecciones que consiguieron frenar claramente el populismo en Europa. Fueron los casos de Austria, Países Bajos, varios Länder alemanes y, sobre todo, se produjo la victoria electoral del declarado europeista Emmanuel Macron en Francia frente a la populista y eurófoba Marine le Pen. Por su parte, las instituciones europeas , especialmente la Comisión Europea, empezaron a publicar documentos con propuestas sobre reformas concretas de la UE en diferentes ámbitos como euro, defensa, migraciones, dimensión social, globalización, finanzas o arquitectura institucional. En septiembre tuvo lugar la esperada victoria electoral de Merkel en Alemania, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta, lo que ha conducido a un gobierno de coalición que ha tardado seis meses en ver la luz. En cualquier caso, el tándem Macron-Merkel quedaba establecido y se declaraba preparado para actuar como motor del relanzamiento de la UE. Todo lo anterior ha llevado a declarar a declarar a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, lo siguiente: “nunca he sido tan optimista como hoy sobre la Unión Europea “.

Se puede afirmar que, a lo largo de 2017, la UE ha puesto las bases de su futuro relanzamiento, y lo ha hecho con actuaciones o por lo menos planteamientos sobre los siguientes ámbitos: defensa, migraciones, euro, política social, educación y nueva ampliación al este (Albania más cinco territorios de la antigua Yugoeslavia: Serbia, Montenegro, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Kosovo) para hacer frente a pretensiones geoestratégicas de Rusia y de China. Pero también se ha constatado que el optimismo del primer semestre del año ha quedado seriamente matizado por una serie de acontecimientos producidos en los últimos meses , como la victoria electoral del populista Viktor Orban en Hungría o el triunfo del populismo en Italia. Por otra parte, las tensiones este-oeste son fuertes por diferencias en cuestiones migratorias y de regresión democrática en determinados países del este como Polonia, República Checa o Eslovaquia. También son fuertes las tensiones norte-sur sobre planteamientos de reforma de la eurozona, ya que el norte privilegia la disciplina, la responsabilidad y las reformas estructurales frente a la solidaridad y la mutualización defendidas por el sur.

Macron es partidario de una verdadera refundación de la UE y así lo ha expuesto en su gran discurso europeísta pronunciado en la Sorbona el pasado mes de septiembre. La Comisión Europea también ha planteado una serie de reformas importantes, particularmente sobre la eurozona. La prudencia de Merkel y el entusiasmo europeísta de Macron han empezado a dialogar y a perfilar posibles puntos de encuentro. El próximo mes de junio tendrá lugar una reunión del Consejo Europeo que podría suponer el punto de partida del nuevo proyecto de futuro para la UE. Este proyecto sería objeto de debate en las próximas elecciones europeas de mayo de 2019, mientras que la próxima legislatura europea 2019-2024 debería ser la encargada de implementar el relanzamiento de la UE. Un relanzamiento que signifique la superación de la crisis existencial que ha conocido recientemente y que propicie un nuevo período de eurooptimismo en su historia.