La identidad europea (VII). El Federalismo

Los términos federalismo o federal provienen de la palabra latina foedus, que significa tratado, pacto, alianza. Foedus designa a todo aquel territorio que, conservando un determinado grado de independencia, está unido por un tratado a otros territorios con los que forma un ámbito territorial superior. Foedus, a la vez, deriva de la raíz indoeuropea bheidh (fiarse), de la que proviene la palabra latina fidere (tener confianza). Esta cadena etimológica revela que toda realidad política de carácter federal es un proceso histórico de adaptación entre miembros integrantes de una unidad territorial superior que siempre empieza por un pacto entre ellos, indicador de unas relaciones de confianza mutua.

El federalismo es una cierta idea de creación y de organización de una realidad política estatal a través del procedimiento federal, es decir, de la integración de varias entidades políticas soberanas que ceden parte de su soberanía que la federación necesita para poder actuar con eficacia. El federalismo significa, por tanto, unidad en la diversidad. El lema oficial de la Unión Europea (UE) es precisamente este: in varietate concordia (unidos en la diversidad). Sus traducciones en las veintidós lenguas oficiales de la UE tienen el mismo valor. Es uno de los símbolos de la UE que tiene su origen en el Consejo de Europa. De acuerdo con la Comisión Europea, el lema significa que en la UE “los europeos trabajan juntos para la paz y la prosperidad, y que las numerosas culturas, tradiciones y lenguas de Europa son un activo positivo para el continente”. Europa es una realidad diversa y, sin embargo, tiene caracteres comunes culturales y de civilización que la hacen única. El federalismo es un sistema de organización política que le va como anillo al dedo.

El federalismo tiene un compañero de viaje esencial que es el principio de subsidiariedad. Según este principio, en cualquier organización social y política, la entidad política superior únicamente debe asumir una responsabilidad o sólo debe intervenir cuando la entidad política inferior se vea incapacitada para hacerlo. Esto significa que cada entidad sencillamente debe ocuparse de lo suyo, es decir, de lo que sepa hacer mejor que las otras entidades superiores o inferiores en la cadena de gradación federal.

El principio de subsidiariedad viene consagrado en el artículo 5 del vigente Tratado de la Unión Europea (TUE) o Tratado de Lisboa, en vigor desde 2009. Figura al lado de otros dos principios también considerados esenciales en la toma de decisiones europea: el principio de atribución (la UE sólo dispone de las competencias que le atribuyen los tratados) y el de proporcionalidad (los medios empleados por la UE para alcanzar los objetivos fijados por los tratados no pueden ir más allá de lo necesario). Cuando la UE haya alcanzado el ideal de una Europa unida en la diversidad, de carácter federal, se habrá llegado a una situación en la que el principio de subsidiariedad se aplicará extensamente a los estados y a los entes subestatales, en el marco de un sistema de gobernanza europea multinivel. Actualmente dentro de la UE funciona un Comité Europeo de las Regiones (CDR) creado en 1994, que es un organismo consultivo que representa a los entes regionales y locales de Europa.

El Manifiesto de Ventotene, redactado en junio de 1941 con el título completo “Por una Europa libre y unida. Proyecto de manifiesto”, es un texto precursor del federalismo europeo, que inspiró el Tratado de Roma (1957). Sus autores, por orden de importancia, son los italianos Altiero Spinelli, Ernesto Rossi y Eugenio Colorni. Spinelli, uno de los futuros “padres de la Europa comunitaria”, pensaba que una Federación Europea requería “la creación de una organización política nueva de carácter federal, que fuera un reflejo de la identidad común y diversa de nuestro continente”. Coincidía con el precursor de la Europa unida, el austriaco Coundenhove-Kalergi, cuando escribía en su gran obra “Paneuropa” (1928) que “Europa es una y diversa” y que “se ha de unir respetando sus diversidades si no quiere ser un campo de batalla permanente “.

El Manifiesto de Ventotene fue redactado en una residencia vigilada de la isla que lleva ese nombre, situada en la región italiana del Lacio, al norte de Nápoles, donde los tres activistas políticos mencionados habían sido deportados por su decidida oposición al régimen fascista italiano de Mussolini. Nació, por tanto, en un contexto de encarcelamiento. El Manifiesto fue escrito en papel de cigarrillo, escondido en una caja de hierro detrás de un doble fondo. El texto fue adoptado más tarde como programa en el seno del Movimiento Federalista Europeo (MFE), organización fundada en agosto de 1943 en Milán por el mismo Spinelli, convertido en un verdadero líder federador europeo. Spinelli fue más tarde cofundador de la Unión de Federalistas Europeos (UFE).

En el manifiesto de Ventotene se dice que el reordenamiento de Europa después de la segunda guerra mundial “debe culminar en una Europa Federal que cuente con un ejército propio, una política exterior propia y que se base en la solidaridad y la cooperación”. Todavía no hemos llegado.

La nueva oportunidad que tenemos delante para avanzar hacia este objetivo es la futura Conferencia sobre el Futuro de Europa, propuesta por la actual Comisión Europea que preside la alemana Úrsula von der Leyen, junto con el Parlamento Europeo. Su propósito es abrir un debate con los ciudadanos para establecer las prioridades de futuro de la UE.

Los ciudadanos europeos no podemos dejar de aprovechar esta oportunidad. Tal como señaló Úrsula von der Leyen en las palabras finales de su primer reciente discurso sobre el estado de la Unión, “el futuro será lo que haremos y Europa será lo que queramos que sea, así que dejemos de infravalorarla y pongámonos a trabajar”.