África, continente del futuro

Bien puede decirse que África es el continente del futuro, por lo menos desde el punto de vista demográfico. Un reciente informe de la ONU anuncia que en el año 2050 superará los dos mil millones de habitantes y para fin de siglo podría llegar a doblar esta población, dentro de un total mundial de once mil millones de personas. África tendría entonces más de la tercera parte de la población mundial, pero con un dato cualitativo esencial: alojaría la mitad de los menores de quince años de todo el mundo.

Nigeria, el mayor país de África, con unos 190 millones de habitantes, es el país líder del continente africano en cuanto se refiere a perspectivas demográficas. Simboliza perfectamente el “boom “del continente y pronto pasará a ser de séptimo a tercer país del mundo en población. Para 2050, Nigeria tendrá casi 400 millones de habitantes, superando a Estados Unidos que tendrá alrededor de los 390 millones.

Para mediados del siglo actual, se espera que seis países estén por encima de la barrera de los 300 millones de habitantes: China, la India, Indonesia, Nigeria, Pakistán y EE.UU.

La India se convertirá en el país más poblado de la tierra en el año 2022 con 1400 millones de habitantes , adelantándose a China, que parece arrepentida de su política propiciatoria del “hijo único “ implantada durante las últimas décadas y que actualmente está en fase de revisión.

Siempre según la ONU, durante las próximas décadas el crecimiento de la población mundial se concentrará principalmente en nueve países, en su mayoría africanos y asiáticos: la India, Nigeria, Pakistán, la República Democrática del Congo, Etiopía, Tanzania, Estados Unidos, Indonesia y Uganda.

El ritmo de crecimiento africano ha sido superior al cinco por ciento anual en los últimos años. Un país tan bien situado en la gran región euroafricana, como es España, ha circunscrito su presencia comercial e inversora fundamentalmente en Marruecos y Túnez, donde actúan alrededor de un millar de empresas españolas, y algo en Sudáfrica. Sin embargo, existen más de cincuenta países africanos situados relativamente cerca de España, a cuatro o cinco horas de vuelo y en el mismo huso horario, con una población de más de mil millones de habitantes.
La escuela de negocios IESE ha visto una oportunidad en África y por ello ha creado una red de instituciones académicas en países como Nigeria, Egipto, Kenia, Angola o Costa de Marfil, a través de su Africa Initiative. Su misión consiste en “ayudar al desarrollo de un liderazgo empresarial sostenible en África, con el propósito de obtener un impacto positivo y duradero sobre la sociedad africana “.

Algunos países como Sudáfrica, Namibia, Botsuana y Ghana han avanzado tanto en seguridad jurídica y calidad de sus administraciones, que resultan tan seguros para los negocios como Perú y están mejor que Bolivia y Ecuador, sostiene Carlos Sebastián en su libro titulado “ Subdesarrollo y esperanza en África “. También indica que los países que han mejorado su gobernanza están atrayendo inversiones extranjeras, “en su mayoría protagonizadas por empresas chinas, que se mueven mejor en un terreno más parecido al suyo “.

Nueva centralidad del Mediterráneo

El Mediterráneo está volviendo a colocarse en una posición de centralidad en relación a los flujos de comercio en el mundo, tras haberla perdido ante el Océano Atlántico con posterioridad al descubrimiento de América hace cinco siglos. Este fenómeno tendrá un impacto importante sobre África.

Los tres Vectores de crecimiento socioeconómico de la Unión Europea son los denominados Vector Norte-Sur de Europa, Vector Euroasiático y Vector Oriente-Mediterráneo. El primer Vector y el tercero se cruzan en el Mediterráneo y certifican esta nueva centralidad del Mare Nostrum. La ruta marítima con mayor “masa crítica “es la de Extremo Oriente-Europa vía el Canal de Suez. Más del 70 por ciento de la población mundial se halla vinculada a este itinerario que sobresale por los extremos hacia las cuencas del Pacífico y del Atlántico.

El Vector Norte-Sur presenta un impacto directo sobre el 54 por ciento de la población y el 66 por ciento del PIB de la Unión Europea. Además, este Vector tiene una gran influencia sobre más de 80 millones de habitantes en el norte de África. La fachada marítima del este de España es el lugar en el que el vector Norte-Sur intersecciona con el Vector Oriente Lejano-Sur de Asia-Mediterráneo.

El tráfico comercial interior africano discurrirá preferentemente en el futuro entre aquellas regiones del continente con mayor población, entre las que destacan la región del Golfo de Guinea, la región del sur del Golfo de Guinea, el Magreb, Egipto más la región del Mar Rojo y los países de la costa del Océano Índico. Las conexiones de África con Europa tendrán lugar fundamentalmente por vía marítima, la mitad de las cuales transitan por el Canal de Suez. En África continental los ejes de conexiones a desarrollar en el futuro transcurren en dirección Norte-Sur y Este-Oeste. Desde Ferrmed se preconiza que el Corredor Ferroviario Mediterráneo se cierre por el Norte de África y que este Corredor sea el punto de conexión, vía puertos mediterráneos, hacia el corazón del continente africano.

Nuevas oportunidades

El Corredor Ferroviario Mediterráneo permitirá descargar los contenedores y transportarlos hacia el corazón de Europa. De esta manera, los barcos procedentes de Oriente, principalmente de China, se ahorrarán continuar el viaje hasta los grandes puertos del norte de Europa (Amberes, Rotterdam, Hamburgo) y podrán regresar inmediatamente a sus puertos de origen con una carga de contenedores procedentes de Europa. El ahorro es muy importante en días de navegación. Así funciona, por ejemplo, el tráfico marítimo entre China y Estados Unidos. Los barcos llegan a los principales puertos de la costa oeste americana , donde descargan sus contenedores que son inmediatamente trasladados a trenes de transporte de mercancías a menudo double-decker (dos pisos) y los contenedores llegan en pocos días hasta Chicago o Nueva York. Un ejemplo de intermodalidad funcionando “a todo tren “.

Esta gran jugada en relación con el tráfico procedente de Oriente (y muy especialmente de China) será posible si se consigue tener un frente marítimo mediterráneo de puertos capaces de realizar una doble función:

1) Servir a su hinterland terrestre
2) Ejercer una redistribución marítima

Los puertos clave del frente marítimo mediterráneo están conformados por el triángulo Barcelona-Marsella- Génova. Se trata de puertas de entrada a Europa que están situadas cerca del corazón económico del continente europeo. Los grandes hubs de redistribución marítima son, por ejemplo, Algeciras, Tanger-Med (Marruecos) o Gioia Tauro (Calabria, Italia), más alejados de los grandes mercados europeos.

Los puertos del norte de Europa (Amberes, Rotterdam, Hamburgo) cumplen la doble función antes enunciada (hinterland terrestre y redistribución marítima). Los puertos del Mediterráneo, en cambio, se limitan fundamentalmente a la redistribución marítima. Algeciras, por ejemplo, es un gran puerto de contenedores, pero su importancia se ve reducida si se piensa que el noventa y cinco por ciento de los movimientos de contenedores son de transbordo dentro del propio puerto. En consecuencia, hay que conseguir que los puertos mediterráneos estén bien conectados con redes ferroviarias que enlacen con el Norte de África. De aquí la importancia del Corredor Ferroviario Mediterráneo como enlace entre Europa y África.

Ferrmed ha lanzado, además, la propuesta de un Transmediterranean Orbital Rail Network and Multimodal Links / Ways for Peace, Progress, Solidarity and Sustainability, que pretende optimizar la competitividad de la gran región euromediterránea a través de la implementación de una red de transporte de mercancías que una todos los puertos mediterráneos importantes entre ellos y con sus respectivos hinterlands tanto en la Unión Europea como en los países vecinos de Europa y norte de África. Cuando la circunvalación ferroviaria mediterránea sea una realidad, los ferries transportarán en su interior vagones de tren. En la actualidad transportan contenedores y camiones.

Además de la línea ferroviaria de circunvalación, África necesita líneas ferroviarias de penetración continental, de norte a sur y de oeste a este. Un ejemplo norte-sur sería una línea ferroviaria transsahariana. La propuesta de Ferrmed consiste en completar el Corredor Ferroviario Mediterráneo con la línea ferroviaria del norte de África, que tendría un gran impacto sobre el desarrollo del Magreb.

La estrategia africana de China

China tiene una estrategia africana, que se ubica dentro de su proyecto general de creación de “nuevas rutas de la seda “, conocido como One Road. One Belt, cuyo objetivo fundamental consiste en convertir de nuevo a China en lo que ha sido durante milenios, es decir, un verdadero “imperio del centro “a escala planetaria, y a los demás países en tributarios de la centralidad china.

China ha diseñado cuatro “rutas de la seda “ : una en Asia Central, otra por el Océano Índico, una tercera a través del Ártico y una cuarta que es una extensión de la Península Ibérica hacia África Atlántica y Golfo de Guinea. Entre los temas económicos y de inversión, destacan por su importancia las inversiones en infraestructura de transporte y de manera especial el transporte ferroviario.

China ha financiado una línea férrea entre Mombasa y Nairobi, que une el Océano Índico con la capital keniana en cuatro horas y media, y busca posicionarse como puerta de entrada comercial de África del Este. Su coste total ha sido de 2.900 millones de euros. La línea de casi quinientos kilómetros, que acaba de inaugurarse, es parte de una gran iniciativa china de infraestructura que conectará Burundi, Etiopía, República Democrática del Congo, Ruanda, Sudán del Sur y Uganda con las costas del Océano Índico a través de Kenia. Se trata de la mayor obra de infraestructura realizada en Kenia desde su independencia en 1963, construida en apenas cuatro años y que avanza en paralelo a la antigua vía. Según Deborah Brautigan, directora de China-Africa Research Initiative, de la Universidad John Hopkins, el interés de los bancos chinos por financiar grandes obras no responde a una visión caritativa: “los bancos y compañías chinas ofrecen financiación porque les permite asegurarse mayor cuota de mercado en África como parte de su estrategia para ser globales “. Las autoridades kenyanas calculan que los nuevos trenes, con una capacidad para 1260 pasajeros y 4000 toneladas de mercancías, transportarán el 35 por ciento de los contenedores que lleguen al puerto de Mombasa, el más grande de África del Este. Para China, se trata solo de un primer paso en su inmersión en el continente africano, donde es, desde 2009, el primer socio comercial, por delante de Estados Unidos.

En los últimos años, China también ha conseguido un avance espectacular en el Magreb, región africana prioritaria para Europa, e intenta reforzar los intereses mutuos y los vínculos diplomáticos para asegurar sus necesidades y reforzar su estrategia de crear un espacio económico que se extiende desde China a África a través de la India y Oriente Medio.

Este movimiento debería alertar a los europeos del riesgo de un cerco de carácter geo-económico. El Mediterráneo es una de las anclas y la puerta de entrada en Europa para los productos chinos. Pekín ha adquirido el segundo mayor puerto griego, el Pireo, y negocia la gestión del puerto de Limassol (Chipre). Además, tiene una gran terminal en el puerto de Barcelona.

China construye carreteras y va a construir un gran puerto en Argelia, en Marruecos quiere participar en el proyecto del enlace fijo (túnel) a través del Estrecho de Gibraltar y en Egipto está creando una zona industrial en el canal de Suez. Mientras que dos tercios de las importaciones de los países del Magreb vienen de la UE – España es uno de los principales socios con el 12 por ciento del total- , se observa que el 60 por ciento de las importaciones alemanas de China son bienes que el Magreb también exporta, como textil, electrónica, mecánica y cuero. Existen proyectos trans-Magreb, tanto por carretera como por ferrocarril, que despiertan especialmente el interés de China.

El Magreb es una prioridad para Europa

El Magreb es un concepto esencialmente geográfico que bajo una denominación común abarca realidades muy diversas. El Magreb es la región que contempla todo el territorio de Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y el Sahara Occidental. Algunos investigadores hablan del “Magreb central” o “Magreb histórico”, considerando que Argelia, Marruecos y Túnez fueron los ejes de esta región y que, posteriormente, se fueron uniendo los países “periféricos”, es decir, Libia y Mauritania.

La población de los cinco estados es de unos 90 millones de habitantes, los cuales tienen como base común a los bereberes, que son los nativos de esta amplia zona. Sin embargo, su realidad es muy diversa, pues en Marruecos y Argelia son parte importante de la población (no menos del 35% en Argelia y hasta el 60% en Marruecos), en tanto que en Libia, Mauritania y Túnez son minorías que no superan el 15% del total. Junto a los bereberes, los árabes son la otra fuerza dominante, los cuales llegaron en diferentes oleadas, pero especialmente a partir del siglo VII DC, época en la cual comenzó la islamización del Magreb.

Además de la composición étnica, el Islam es otro factor común, pues esta religión es predominante en todas las naciones magrebíes. Tanto es así, que los musulmanes representan entre el 95% y 99% de la población de sus respectivos países.

El idioma es otro elemento unificador, pues el árabe es la lengua oficial en los cinco estados del Magreb, aunque cada cual con su dialecto propio. El francés está muy difundido en Argelia, Marruecos, Mauritania y Túnez, mientras que el italiano aún es comprendido en partes de Libia. El español tiene bastante relevancia en el norte y sur de Marruecos.

El Magreb posee cerca de 5.000 kilómetros de costa en el Mar Mediterráneo y unos 2.200 en el Océano Atlántico. Es en estas franjas marítimas donde se encuentran los principales núcleos urbanos como Trípoli, Ciudad de Túnez, Argel, Rabat y Nouakchott, capitales de Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania, respectivamente.

Los principales recursos económicos del Magreb son el petróleo, el gas, los fosfatos, la pesca, la agricultura y el turismo. Libia y Argelia son los principales exportadores de petróleo y gas, mientras que Marruecos y Túnez destacan por los fosfatos, además del turismo y la agricultura. En Mauritania, la ganadería, el hierro y la pesca son los estandartes económicos.

Históricamente, los estados magrebíes han tenido un pasado bastante similar. En esta región estuvieron, en diferentes momentos de la historia, los romanos, griegos, cartagineses, fenicios, vándalos, bizantinos, turcos, españoles, franceses y portugueses, aunque la civilización que dejó un gran legado, que hasta hoy perdura, fue la árabe.

La importancia estratégica del Magreb es de vital importancia para Europa. En sus inicios, la acción exterior de la Unión Europea estaba limitada a la política comercial y a la celebración de Acuerdos de Asociación, pero poco después se fueron añadiendo ‘competencias implícitas’. Poco a poco, los Estados miembros de la UE fueron elaborando unos mecanismos de concertación y cooperación en política exterior con la meta de conseguir cierta complementariedad entre sus políticas exteriores y la de estas con la acción exterior de la Comunidad. No obstante, la UE, desde sus comienzos, se impuso una serie de cordones sanitarios para su acción exterior; unas limitaciones que operan también bajo los límites que vienen dados por las realidades de un escenario internacional muy complejo.

China, aquí nos la encontramos de nuevo, es el país que quizás más estratégicamente esté actuando en la región. Su proyección viene marcada por su crecimiento demográfico y económico, que en las últimas décadas le ha venido exigiendo una gran disponibilidad de recursos energéticos. Para el gigante asiático, la seguridad energética es una prioridad geopolítica con pocos condicionantes. Por ello, para alcanzar sus fines, el país se vale de empresas públicas para vehicular su presencia en el sector energético, aunque también se ha centrado en otros recursos minerales en los que es rica la zona, como el uranio y el hierro. Otro gigante, Rusia, ha ido incrementando su presencia y relación con los países del Magreb, especialmente Marruecos y Argelia, en materia militar. Por último, están Arabia Saudí y los Emiratos del Golfo en África, cuya ayuda y cooperación financiera se centra, sobre todo, en el Magreb. Gran parte de esta ayuda se canaliza como inversión externa de las empresas del Golfo y se focaliza en los sectores de telecomunicaciones, energía, comercio minorista, inmobiliario y turismo.

Las relaciones de la UE con Marruecos, Argelia, Túnez y Libia se desarrollan en el marco más amplio de la ‘Política Europea de Vecindad’ (PEV) que, a su vez, se amplían sobre la base de acuerdos bilaterales que firma la UE con cada uno de sus socios . Sin embargo, hay que tener en cuenta algunas situaciones específicas. Por ejemplo, en relación con Túnez, la UE está muy interesada en apoyar a este país para que culmine su transición democrática con éxito. De este modo, se espera aumentar la ayuda bilateral a 300 millones de euros en 2017 y se barajan posibilidades como la aplicación anticipada de concesiones comerciales o negociar un ambicioso tratado de facilitación de visados.

El Acuerdo de Asociación con Argelia ha tenido varios problemas de aplicación, derivados fundamentalmente de la propia indecisión interna de las autoridades argelinas. A petición de Argelia, se ha iniciado un ejercicio de reevaluación del acuerdo con el objetivo de mejorar su implementación, especialmente en los apartados económico y de cooperación. En cuanto a Libia, la situación de crisis que vive el país provoca que el grueso de las relaciones UE-Libia se centren en el ámbito de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y el de la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD).

La UE es, para Marruecos, el primer socio comercial: el comercio de mercancías presentó al termino de 2015 un volumen global de más de 30.500 millones de euros (12.400 millones de importaciones –un 12 % más que el curso anterior– y 18.100 millones de exportaciones –tan solo un 0,1 % menos–, lo que muestra un superávit de 5.700 millones). Esto representa más del 55 % de todo el comercio marroquí. Este país norteafricano, por su parte, es el 26º socio comercial de la UE, absorbiendo el 0,9 % de su comercio exterior.

La UE y Argelia mantienen relaciones comerciales de primer orden: las cifras sobre comercio de mercancías en 2015 arrojan un flujo total de casi 43.000 millones de euros (20.700 millones importados –un 30 % menos que el año anterior, explicado principalmente por la evolución del mercado de hidrocarburos– y 22.300 millones exportados –un 5 % menos que el año anterior–, logrando por primera vez en la última década un superávit, que asciende a casi 1.600 millones). La UE es con diferencia el primer socio comercial de Argelia, absorbiendo el 54,4 % de su comercio total. Para la UE, Argelia es su decimonoveno socio comercial (1,2 %), siendo especialmente destacable su papel de suministrador de energía (el 3 % para la UE).

La UE es también el principal socio comercial de Túnez. Con este país, el comercio de mercancías se situó en 2015 en los 20.250 millones de euros (9.500 millones de importaciones –un 1,5 % más que el año anterior–, frente a 10.750 millones de exportaciones –un 2,2 % menos–, arrojando un superávit de 1.250 millones de euros), lo que supone el 63 % del comercio de Túnez. Por su parte, Túnez es el socio treinta y dos de la UE, absorbiendo un 0,6 % del comercio europeo. Respecto a Libia, el único país, junto con Siria, de la Vecindad que aún no ha establecido un Área de Libre Comercio con la UE, el volumen del comercio de mercancías es relativamente menor, salvado solo por el sector de los hidrocarburos: 11.600 millones de euros en 2015 (7.400 millones de importaciones –un 40,5 % menos que el año anterior– y 4.200 millones de exportaciones –un 21,6 % menos–, dando lugar a un déficit comercial de 3.200 millones de euros), de los cuales los productos combustibles, especialmente petróleo, representan el 91,1 %. Así, la UE es el principal socio comercial de Libia, absorbiendo el 51,7 % de su comercio, mientras que Libia es el socio número 43 de la UE, con un 0,3 %.

La balanza comercial de la UE con el Magreb genera un excedente que apenas compensa la tercera parte de su déficit con China. Además, hay una gran dependencia energética de la UE respecto a la región. Ejemplo de ello: casi el 50 por ciento del gas de España proviene de Argelia. Las empresas europeas solo dedican el 2 por ciento de sus inversiones en los países de la orilla sur del Mediterráneo y el 3 por ciento en África. Por su parte, China, aumenta sus esfuerzos de inversión en un 15 por ciento en el Magreb y un 20 por ciento en África.

El papel de la Unión por el Mediterráneo

La Unión por el Mediterráneo es una organización intergubernamental que reúne a los estados miembros de la UE y a quince países del sur y del este del Mediterráneo. Fue fundada en 2008, durante la Cumbre de París por el Mediterráneo, para fortalecer los logros del Proceso de Barcelona lanzado en 1995 como punta de lanza de una nueva política mediterránea de la UE. Su objetivo principal es mejorar la integración regional mediterránea, tanto norte-sur como sur-sur, para apoyar el desarrollo socio-económico de los países y garantizar la estabilidad en la región. Para ello, la Unión por el Mediterráneo identifica y apoya proyectos de interés regional que han de ser aprobados por consenso entre los países miembros. Se organiza en torno a una Secretaría General, que tiene su sede en Barcelona.

Crear empleo en los países del Mediterráneo sur es uno de sus objetivos principales. Para conseguirlo, ha presupuestado 5.300 millones de euros en 47 proyectos definidos por los estados miembros. Según el Secretario General, el marroquí Fathallah Sijilmassi, “no podemos ser meros observadores regionales; somos una unión de 800 millones de habitantes, nuestro potencial es enorme “.

Desde el año 2013, la Unión por el Mediterráneo lidera la Iniciativa Mediterránea para el Empleo, cuyo programa se basa en la promoción de proyectos y el intercambio de buenas prácticas en el ámbito de la creación de empleo en el área euromediterránea. Todo ello en línea con los marcos nacionales de empleo, en estrecha colaboración con actores relevantes de la región y con el objetivo de influir en el diseño de políticas públicas y la construcción de una agenda común.

En opinión de la mayoría de analistas, la Unión por el Mediterráneo debería mostrarse más activa en el diseño e implantación de proyectos que contribuyan especialmente al desarrollo de los países de la ribera sur del Mediterráneo y hagan posible una mejor integración regional.